Dropzone (1984) de Arena Graphics sorprendió a propios y extraños con una adaptación fantástica del clásico Defender (1980) para Commodore 64. Los mata-marcianos no eran uno de los géneros estrella en nuestra máquina y los buenos shoot’em-up eran escasos, así que cualquier novedad era bienvenida. Jeff Minter ya nos había proporcionado buenos momentos con su particular manera de hacer las cosas y dándole una vuelta de tuerca más al Defender con Attack of the mutant camels y Revenge of the mutant camels. Y aunque no estaban nada mal – hablaremos largo y tendido de ellos y de él – no era lo mismo atacar a camellos que a marcianos, ¿no? Dropzone nos dió lo que esperábamos…
Corre el año 2085 y pocos son los que han sobrevivido a las devastadoras guerras robot. En su empeño por subsistir, los pueblos de la tierra se unen para diseñar una nave, un crucero de propulsión con el que escapar a nuevos sistemas solares. Esta nave esta propulsada por Tacheon, pero en la Tierra quedan pocos recursos disponibles y deberán ir a recolectarlo al IO, la segunda luna de Júpiter. Allí se puede encontrar gran cantidad de este material y para su recolección construyeron una base de almacenaje en uno de los muchos cráteres que hay en el área. Lo que no sabían es que no estaban solos en el planeta y no tardó mucho en llegar un primer ataque de las hordas alienígenas. Tu misión, como no, será la de proteger a los recolectores y al material recogido de los hostiles enemigos.
El protagonista viaja en una especie de traje muy parecido al del Jet Pac, con un láser que le permite defenderse y una mochila que le mantiene en el aire mientras la accionamos. La acción, al igual que en el Defender, se desarrolla con una vista lateral del juego. La superficie del planeta está muy detallada, y permite ver claramente los cráteres, colinas e incluso la rugosa lava volcánica. El cielo es totalmente negro si bien se divisan las estrellas en el espacio exterior. En la parte inferior de la pantalla disponemos de un mapa donde podemos localizar a los humanos que quedan por rescatar y a los simpáticos jupiterianos. Leer más…

Hungry Horace fue el primer lanzamiento de la saga y uno de los primeros de Spectrum, alla por 1982. Lo publicó Psion Software, productora de software estrechamente relacionada con Sinclair Research Ltd. ya desde el ZX81 y que produjo títulos como Chequered Flagg (1983) y March Point (1984).
Principios de los años ochenta, una nueva década, nuevas modas (sic), nueva música y sobre todo un nuevo mundo por descubrir, el de los videojuegos. Fue el nacimiento de algo que creció hasta ser lo que es hoy día, pero que en aquel entonces suponía algo diferente, totalmente nuevo. Llegaron los primeros ordenadores a nuestras casas: ZX Spectrum, Commodore 64 y Amstrad…, se convirtieron en aparatos cotidianos de nuestros momentos de ocio y no tan ocio. Al mismo tiempo surgieron los arcade, maquinas con su mueble, su tele y sus mandos para poder jugar. Y aún teniendo en nuestras casas los mismos juegos a los que podíamos jugar en los bares, no eramos tan ingenuos como para no saber que aquellas recreativas eran superiores a nuestras máquinas caseras.
El cine de los ochenta fue prolífico en títulos míticos que han entrado por derecho propio en el olimpo de los clásicos: Blade Runner, Brazil, E.T., Terciopelo Azul, Paris-Texas, Platoon, etc… Pero también hubo otras películas que entran en nuestra memoria por la via del recuerdo, a veces mitificador, de los maravillosos momentos que vivimos en el cine viéndolas con la boca abierta: Indiana Jones, Los cazafantasmas, Regreso al futuro, Superdetective en Hollywood o El imperio contraataca… En el caso que nos ocupa hablaremos de una película que supuso todo un fenómeno en su momento, con una banda sonora que inundó las emisoras y un logo que es el segundo más conocido en el mundo tras el de Coca-Cola.
Hewson era una compañía más bien desconocida hasta que consiguieron su primer éxito, Avalon (1984), un arcade con el que cosechó muy buenas críticas y el favor del público. Pero la sombra del boom de los plataformas como Manic Miner y Jet Set Willy era alargada y los programadores se apresuraron a crear clones para todas las casas de software, incluida Hewson. Está claro que debían ofrecer algo diferente si no querían quedarse en una simple copia y dos buenos ejemplos fueron Technician Ted (1984) y Brian Bloodaxe (1984), cada uno con sus virtudes y defectos. Los programadores Steve Marsden y Dave Cooke, sin dejar su trabajo en la empresa Marconi, fabricante de chips de silicio y microprocesadores, se pusieron manos a la obra y publicaron el juego con Hewson, consiguiendo mantener el buen nivel de su inspirador.
Tras su paso por Indescomp, los creadores de Fred (1983), Carlos Granados, Fernando Rada y el gran Paco Menéndez, junto con Camilo Cela, decidieron seguir su propio camino y fundaron la compañía Made in Spain. Fruto de su unión fue Sir Fred, el primero de varios juegos salidos de sus oficinas, aunque no siempre bajo el mismo sello. Made in Spain se convirtió rápidamente en Zigurat.
El mago Ulrich, en uno de sus descabellados experimentos descubrió sin saber cómo que una vez existió el legendario amuleto del dragón, una pieza tan misteriosa como codiciada. Aún no se sabe bien por quién, pero fue robado a su legítimo propietario y sus piezas esparcidas en el tiempo por diferentes épocas de la historia. Se hizo el propósito de recuperarlas y devolverlo de donde nunca debió salir, pero él ya era demasiado viejo para estos trotes y encomendó tan peligrosa aventura a su protegido discípulo, Kokotoni Wilf. Para ayudarle en su búsqueda creó un sortilegio que le proporcionó unas alas con las que poder volar y eludir peligros. Una vez hubo aprendido a utilizarlas, Kokotoni Wilf partió a un viaje temporal que le llevó a su primera etapa, la era de los dinosaurios, en el 965 a.c. De esta manera comienza una odisea que le llevará por los años 1066, 1467, 1784, 1984 y 2001, donde finaliza su periplo.
El minero Bounty Bob apareció en nuestras pantallas por primera vez en 1982, de la mano de Big Five Software, protagonizando miner2049er. La primera versión salió para Atari 400/800, ya que a Bill Hogue, su creador, le pareció que proporcionaría la mejor combinación de gráficos y sonido. Había programado diferentes adaptaciones de recreativas para TRS-80 a finales de los 70, pero se dió cuenta que aquel sistema se quedaba pequeño para lo que tenía pensado. De hecho, fue uno de los primeros cartuchos en salir con 16K en lugar de los habituales 8K.