De la mano de Broderbund nos llegó en 1983 uno de esos juegos sencillos y tremendamente adictivos con reminiscencias claramente arcade, que no necesitaban de grandes gráficos ni artilugios para convertirse rápidamente en un referente a imitar. La compañía estadounidense era consciente de ello y no dudo en versionarlo o licenciarlo para casi todas las plataformas populares en aquel momento: Commodore 64, Spectrum, Apple II, Atari 8-bit y MSX. Amstrad tuvo una más que tardía adaptación en 1989.  Acción y adicción a raudales, pero con “argumento”, claro…

Perteneces a la élite de los Comandos Galácticos y en una misión de alto riesgo has sido enviado a territorio enemigo con un fin: recuperar el oro robado por un imperio contrario a tus intereses. Este, intentando esconderlo y ponerlo a buen recaudo lo ha distribuido en ciento cincuenta habitaciones subterráneas vigiladas por su ejercito. ¿Fácil?, no creas…
Cada habitación está custodiada por unos persistentes soldados que nos perseguirán hasta alcanzarnos si no lo evitamos. En los primeros niveles serán tres, pero a medida que vayamos superándolos, estos llegaran a ser hasta cinco, lo que unido al diseño de algunas pantallas escasas en recorridos posibles, hace que se complique bastante pasar algunos de ellos. Como única arma tenemos un láser que agujerea el suelo en una medida de dos ladrillos, lo suficiente para que un soldado caiga en su interior durante el tiempo suficiente para que pasemos por encima. Cuando haya pasado un ratito escalará las paredes y volverá al ataque. Es decir, en ningún momento los podemos eliminar definitivamente y siempre habrá el mismo número de enemigos por pantalla. Cuidado, tú también puedes quedar atrapado en el agujero!

El diseño de las habitaciones cambia en cada una de las pantallas, aunque no lo hace la decoración de las paredes y suelos de simples ladrillos. Para movernos por la estancia nos aprovecharemos de las escaleras y plataformas que nos vayamos encontrando, teniendo en cuenta que nuestro enemigos también puede usarlos igual que nosotros. Pero nosotros somos un poco más listos que ellos y usaremos el láser para hacer agujeros en el suelo y lanzarnos a través suyo, cayendo en el piso inferior. Si nos encontramos con suelos de cuatro ladrillos deberemos hacer dos agujeros, y así sumando según el grosor que nos encontremos debajo nuestro.  El único pero es que a medida que vamos escavando, los primeros se irán cerrando tras nosotros, por lo que el tiempo apremia y no podemos dejar de escarbar si no queremos que nos aprisionen. Por si esto no fuera suficiente, también hay algunos terrenos, representados por bloques enteros, que no se pueden agujerear.

Por si no lo había dicho, el fin en cada habitación era recoger todos los lingotes de oro que había repartidos por ella, y escalar hasta la siguiente. Ni más, ni menos. Pero fíjate bien, que al recogerlos puede aparecer una escalera allá donde no la había. Ah, y se me olvidaba comentar que los simpáticos soldados enemigos pueden recoger los lingotes y dejarlos en la otra punta de la habitación.
Broderbund , quizás consciente que para algunos jugones el juego podía llegar a ser (incomprensiblemente) algo repetitivo, dio la posibilidad de cambiar el orden de las pantallas al inicio, lo que iba muy bien si por ejemplo te quedabas atascado en algún nivel, ya que lo pasabas a ser el último y listo. Con el editor de pantallas al que accediamos desde el menú del início, podíamos alargar la vida del juego hasta el infinito. Lode Runner fue uno de los primeros juegos en que podíamos modificar las pantallas a nuestro antojo, y aunque evidentemente visto hoy era un editor bastante farragoso de trabajar, podías estarte toda una tarde solo creando nuevas pantallas.

Todas las versiones se mostraban según la capacidad de la máquina en cuestión y, aunque es un juego sin grandes necesidades técnicas, se notan diferencias apreciables en todas. Las más vistosas sin duda son las de Commodore 64, Spectrum y MSX, llevándose esta última el premio gracias a un mayor colorido de los gráficos. El sonido es muy básico en todos los sistemas, aunque destaca la melodía que suena en la versión del Spectrum 128k (uff, ciento cincuenta pantallas escuchando la misma cancioncilla). Lo que no cambió en ningún momento es el diseño de nuestro soldado y sus enemigos, simples hasta decir basta, pero con una graciosa animación que los hacía simpáticos.
Su legado perduró en nuestra memoria y posteriormente su publicaron adaptaciones a nuevas plataformas cómo Snes, Megadrive, Playstation, etc… Incluso salió una segunda parte, Lode Runner 2 y diferentes remakes que intentaban perdurar la saga. En 1984 salió una versión para arcade de la mano de Irem, adaptada a los gustos de los jugones de las maquinitas, con unos gráficos caricaturescos que mantenían la esencia del juego a lo largo de solo veinticuatro niveles.
En definitiva, por Lode Runner han pasado los años y quizás no ha envejecido tan bien como otros clásicos, pero aún es capaz de hacernos pasar buenos ratos jugándolo de nuevo. Pruébalo, ya veras.

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Lode Runner, un clásico menor..., 8.0 out of 10 based on 1 rating

2 Comentarios to “Lode Runner, un clásico menor…”

  1. Konamito dice:

    Para mí es uno de los juegos más divertidos que han publicado para MSX. Similar a este tenemos Rise Out que a ese sí que gasté horas y horas de mi tiempo libre adolescente ;)

  2. JMV dice:

    ¿No salió en las cintas de Monser bajo el nombre de “Borer Deep”?

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