La historia de los ocho bits no sería la misma sin el nacimiento de las publicaciones especializadas, uno de los tres pilares de la industria informática en aquella época junto a los ordenadores y los videojuegos. Aquellas revistas eran el principal medio de información que teníamos a nuestro alcance si queríamos estar al día de lo que se cocía en el mundillo informático. Debemos tener en cuenta, por si los más jóvenes no caen en ello, que internet no llegaba ni a la categoría de entelequia y la radio no parecía el medio adecuado para mostrar y expresar algo tan emocional, y al mismo tiempo tan material, como son los videojuegos. Por tanto, las revistas se convirtieron en una parte importante de nuestro hobby y los aficionados teníamos una cita ineludible con el kiosco a principios de cada mes.
Posiblemente la dimensión que adquirieron en el Reino Unido nunca fue alcanzada en otros países europeos y fueron el ejemplo a imitar por las editoriales extranjeras para sus propias publicaciones. Bajo mi punto de vista nunca se alcanzó su nivel, aunque Microhobby y Micromanía significaron para nosotros algo muy especial y fue lo más similar a aquello que teníamos a nuestro alcance… pero ya hablaremos de eso en otro momento.
Crash, ZZAP!64, Amtix, Computer & Videogames, Sinclair User, Your Sinclair, Amstrad Action o BigK son algunos de aquellos míticos títulos que mensualmente llegaban a los kioscos para ser devorados por sus lectores. En realidad eran bastante parecidos en su contenido y coincidían en muchos de sus apartados: críticas, cartas al lector, trucos, mapas, noticias, etc… Como vereis esto es algo que se ha mantenido hasta hoy día en la
mayoría de los casos, aunque se han adaptado a los tiempos que corren. Por ejemplo, las cartas al lector no tienen el mismo peso específico que tenían entonces e internet y los foros han pasado a sustituirlas, aunque en este caso seguramente hemos salido ganando con el cambio. Pero si algo tenían aquellas publicaciones que se perdió con el tiempo y, en mi opinión, también perdimos los lectores eran las fantásticas ilustraciones que adornaban sus portadas.
Efectivamente, solo con ver la cubierta de la revista que íbamos a comprar ya sabíamos lo que nos esperaba en el interior, y se convertían en el reclamo perfecto para el comprador indeciso. En la mayoría de los casos eran impactantes, divertidas y fantasiosas, lejos de los artificios infográficos que hoy copan las estanterias, con impersonales grafismos que cualquiera con unos mínimos conocimientos informáticos puede crear. El artista tenía la libertad creativa suficiente como para que aquel dibujo fuera considerado una obra singular, independientemente del medio donde se exponía. Es evidente que no todas alcanzaban la categoría de obras maestras pero en general y, sobre todo, dependiendo de la publicación de la que hablemos, el nivel era tan elevado que difícilmente suspenderíamos a alguna de ellas.La editorial Ansfield Publications tuvo la inmensa suerte de contar entre sus fundadores con el genio que se encargó de las portadas de todas sus publicaciones, y sobre todo, de Crash, ZZap!64 y Amtix. Efectivamente, hablamos de Oliver Frey, un fantástico artista que nos regaló algunas de las mejores ilustraciones que se han visto en cualquier publicación del sector.
Nació en Zurich en 1948. En 1956, con casi ocho años, su familia emigró a Gran Bretaña, donde despertó su inquietud artística de la mano del mayordomo de la familia. Este le entregó una insignia de Dan Dare, aunque Frey no tenía ni idea de quién era aquel personaje. Por suerte, en el salón del hotel donde residían temporalmente descubrió un ejemplar del Comic Eagle donde figuraban este y otros desconocidos héroes.
En cuanto comenzó a estudiar en Wembley vio que sus compañeros eran tan fanáticos del comic Eagle como él comenzaba a serlo y pudo compartir con ellos su nueva afición. En Suiza nunca había encontrado con un comic como este y la calidad gráfica de la publicación le cautivó de tal manera que se dedicó a copiar los dibujos de todos los artistas del comic, convirtiéndose en una gran influencia de cara al futuro. Asimiló rápidamente la sensación de movimiento, el regusto por la violencia y las posibilidades de la ciencia ficción que le brindaban las viñetas. Todo aquello era nuevo y había mucho por aprender.
Pasados unos años, la familia Frey regresó a Suiza. Por suerte, uno de sus amigos ingleses le hacía llegar ejemplares de la revista y no dejó de seguir las aventuras de sus héroes y de sus dibujantes favoritos, Frank Hampson, Don Lawrence y Frank Bellamy entre otros. Poco a poco fue mejorando su estilo hasta que por fin se animó a enviar unas muestras a las principales publicaciones de tiras cómicas. Las respuestas que recibió fueron descorazonadoras, excepto la que le llegó por parte de su venerado Don Lawrence, de Look & Learn, famoso por las tiras de The Trigan Empire.
Al mismo tiempo que perfeccionaba su grafismo y narrativa, el gusanillo del cine se iba abriendo camino en su interior. Con una cámara de 8mm, dirigió a sus hermanos en dos películas, demostrando un talento innato para el cine que aprovechó durante el proceso de edición, en el cual enriqueció sus recursos artísticos. De los diferentes encuadres y fotogramas Frey extraía nuevas perspectivas de las figuras humanas en las escenas de acción. Supo capturar en su mente el movimiento de las extremidades y el cuerpo para poder plasmarlos en el noveno arte.

Cuando aún estaba en la escuela, le llamó la atención un curso por correspondencia americano que se publicaba en Europa desde Amsterdam llamado The Famous Artists. Eran treinta y seis lecciones con un examen al final de cada una, divididas en tres tomos y escritas por un grupo de afamados ilustradores, entre los que se encontraban los geniales Al Capp, Milton Caniff, Norman Rockwell, etc… Con estas enseñanzas, Frey aprendió composición, el uso de los materiales, las sombras, colores, estructuras y articulación del cuerpo humano.
Después de terminar el servicio militar obligatorio en Suiza, y de una corta e infeliz estancia en la universidad de Berna, Oliver regresó a Gran Bretaña, y en 1969 se inscribió en la escuela de cine de Londres para un curso de dos años. Como no consiguió recibir el subsidio educativo, se tuvo que profesionalizar para poder subsistir. Se acercó a la editorial Fleetway para reunirse con uno de sus editores, E.J. Bensberg, responsable de War Picture Library Comics y que se convirtió, como después recordaría el mismo Frey, en uno de los principales impulsores de su carrera.
Oli le convenció para que le dejara ilustrar un cuento y, tras mostrarle unos bocetos, le encargaron dibujar el libro entero. Era un tomo de pequeño formato, con 64 páginas y 150 viñetas en blanco y negro que narraban cuentos fictícios de la segunda guerra mundial. Estuvo trabajando en él durante dos meses por las noches, y finalmente fue aceptado y publicado. De esta manera Frey estableció un fuerte vinculo con la War Picture Library Comics durante un buen tiempo, ilustrando decenas de portadas y cuentos ilustrados hasta mediados de los 70. Estos trabajos fueron recogidos muy posteriormente por Prion Books en dos volúmenes, uno titulado AARRGGHH! y el otro The Art of War. En este momento Oliver Frey ya era considerado un profesional y se ganaba muy bien la vida con su pasión por el dibujo.
Después de un breve regreso a Suiza, donde intentó trabajar en la industria cinematográfica sin conseguirlo debido a la burocracia, regresó definitivamente a Gran Bretaña con el permiso de residencia en su bolsillo. Estableció su residencia en Highgate, en el norte de Londres y estuvo trabajando como ilustrador freelance durante un tiempo. Fue entonces cuando se reencontró con un viejo amigo de la escuela de cine, Roger Kean, con el que compartió una pequeña aventura comercial en suiza, pero no tuvieron éxito y tras ello volvieron a separarse, para volver a reunirse en un futuro.
En 1976 le llegó la oferta de sustituir al aclamado Don Lawrence en la famosa tira de Empire Trigan durante dos años, pero lo que en principio parecía ser una gran oportunidad, en realidad no lo era tanto, ya que lo que quería la editorial era que imitara el estilo de su antecesor sin salirse una línea. Evidentemente esto era algo que desagradó enormemente a Frey y así lo hizo saber, aunque sin grandes resultados. Al menos la experiencia de imitar el estilo detallista de Don Lawrence le sirvió para adquirir una disciplina que le sería muy útil en su obra.
Tras esta experiencia siguió su camino dibujando comics independientes e ilustraciones para libros como artista freelance. Llegó a sus oídos que había una vacante como dibujante de storyboards para la película Superman en los Pinewood studios y se reunió con el director artístico. Este quedó encantado con su trabajo pero le comentó que no tenía tiempo para instruirle en los entresijos de su tarea, por lo que no le dio el puesto. Una semana más tarde, el director le volvió a llamar, esta vez necesitaban un comic estilo años 30 para los títulos de crédito. Después de esperar durante horas en la antesala del despacho del director, este le comentó lo que necesitaba y le pidió unos bocetos. Un par de días más tarde Oliver le entregó unos dibujos a mano alzada junto con una cubierta a tinta. El director quedó impresionado y se utilizó tal cual en el montaje final del film.
En 1982 se trasladó a Ludlow, ciudad de la que estaba enamorado, donde se establecería definitivamente junto a su hermano Franco, ingeniero que trabajaba para una compañía alemana que quería importar software de Speccy. En 1984, Franco, Oliver y Roger Kean decidieron lanzar una revista de juegos para el incipiente ZX Spectrum 16k, fundando para ello Newsfield publications.
Hasta 1991 Oliver trabajó incansablemente para todas las revistas de la editorial: Crash (Spectrum), ZZAP!64 (Commodore 64), Amtix (Amstrad), The Games Machine (multi-formato) y Fear. Al mismo tiempo dibujó el cómic The Terminal Man, que salió publicado en los doce primeros números de Crash para después reaparecer en ZZAP!64. El guión era del editor de 2000AD Kelvin Gosnell y narraba las aventuras espaciales de Cross, un hombre reconstruido a partir de una imagen generada por una computadora. La historia acabó en el número 13 de Crash, lo que provocó la ira de miles de lectores que inundaron literalmente sus oficinas con cartas de protesta.
Para la mayoría de las portadas utilizaba el aerógrafo para las superficies grandes y añadia los detalles con pluma o pincel. Frey siempre ha argumentado que la razón por la que se servía de esta técnica era el mero ahorro de tiempo, muy necesario para un ilustrador con tanto trabajo como él. Hay que tener en cuenta que Oli habitualmente dibujaba con pluma, brocha y acrílicos, por lo que al principio le supuso un esfuerzo adicional acostumbrarse al uso de los aerógrafos.
Newsfield Publications también creó una nueva empresa dedicada a la publicación de software, Thalamus Games, especialmente para Commodore 64, y Oliver se encargó del diseño de sus espectaculares carátulas. Durante los 90, con Newsfield finiquitada, Frey continuó ligado a las publicaciones de videojuegos y trabajó para Commodore Force, Sega Force y Snes Force, pero fue con sus socios que recuperaron en nombre de Thalamus para crear una editorial independiente, Thalamus Books. La relación de Oliver Frey con los videojuegos finalizó en este momento, tomando otros derroteros para investigar la aplicación de las nuevas tecnologías a las artes plásticas al mismo tiempo que adquiere cierto renombre como dibujante de comics e ilustraciones gay.
Oliver Frey marcó con su estilo una época, señalando a muchas otras publicaciones el camino a seguir en sus portadas y diseños. La fuerza de sus ilustraciones eran el mejor anuncio que podían tener sus revistas y era difícil ir a un kiosco sin fijarse en algunas de ellas. Fue una manera de hacer que se ha perdido completamente pero, si me dieran a elegir, sin dudarlo ni un instante, querría que las portadas de hoy fueran como las de entonces. Y si las dibuja Frey, mejor.
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El Ponce inglés!!!