Master of the lamps es uno de esos juegos que pasan desapercibidos a ojos de la mayoría del gran público y posiblemente es justo que sea así. Sin embargo, para los agraciados jugones que pudimos apreciarlo en su momento, este se ha convertido en un gran desconocido que merece ser recordado y reivindicado. Publicado por Activision en 1985 y programado por Peter Kaminski, contó con la fantástica obra de Russell Lieblich, que nos brindó una partitura inolvidable. Fueron sus melodías sonando a lo largo de la partida las que nos cautivaron, convirtiendo lo que era una obra menor en un pieza de culto.
El juego estaba pensado en sus inicios para ser publicado en el sistema Intellivision, pero no dio tiempo a ello y finalmente se adaptó para Commodore 64, cuya elección es probable que se decidiera en función de sus cualidades musicales. Según Lieblich, que compaginó la función de compositor con la de diseñador, el propósito era crear un paisaje de sonido digital con el que experimentar la relación color-sonido, teniendo en mente en todo momento los límites del medio en el que intentaron plasmarlo.
El planteamiento del juego es muy sencillo, tanto que en su momento se llegó a criticar el hecho de pagar 10.99 libras a cambio de un juego con únicamente dos escenarios y dos acciones a realizar. ¡Pero si es un Simon con música!, proclamaban. Evidentemente, visto así podían tener parte de razón, pero entonces caeríamos en el error de no ir más allá de la apariencia, de no profundizar en su jugabilidad. Y desde luego, había mucho más… Leer más…
La calidad de un juego viene dada por la suma de sus características: gráficos, sonido, originalidad, etc… Y el conjunto de todas ellas hace que le demos una valoración final totalmente objetiva que se basará básicamente en nuestras preferencias. Sin embargo, por encima de todas ellas hay una que debe destacar sobre las demás si queremos que ese juego nos enganche durante horas y horas: la adicción. Y si algo le sobra a Zenji es capacidad de mantenernos enganchados durante muchas horas a la pantalla.
El juego fue lanzado por Activision en 1984, aunque después tuvo una exitosa reedición en la línea económica por parte de Firebird. Fue programado originalmente por Matt Hubbard para Atari 400/800 y posteriormente adaptado por otros programadores a diferentes sistemas como ZX Spectrum, Commodore 64, MSX, etc…
La mecánica es muy sencilla pero requerirá de toda nuestra concentración y agilidad mental si queremos ir pasando los diferentes niveles que lo componen. El juego pertenece básicamente al género de los puzzles aunque con cierto toque de acción que lo hace más frenético si cabe.
Nuestro personaje tiene la forma de una cabeza giratoria y nos encontramos en medio de un laberinto cambiante que se irá complicando a medida que avancemos por sus niveles. Este está compuesto por múltiples piezas en forma de T, L o I que podremos accionar en cualquier momento y hacerlas girar desde su eje. ¿Y para qué? Pues con ello conseguiremos que las que son de color gris se conviertan en verdes al contacto de sus extremos y que fluyan en un recorrido continuo hasta la fuente. Cuando hayamos conseguido que todo el laberinto sea de este color sin agotar el tiempo límite, pasaremos al siguiente nivel. Leer más…
La vida en la mina es dura y arriesgada, eso nos lo podemos imaginar, pero lo que quizás no todo el mundo sabe es que para evitar males mayores se creó el cuerpo de elite H.E.R.O. (Helicopter Emergency Rescue Operations), cuya misión es la de solucionar los problemas que puedan surgir en los túneles. Y tú eres uno de ellos, Roderick Hero, el más valiente de todos y dispuesto a salvar la vida de los 20 mineros que se acaban de quedar atrapados en el peor desprendimiento que se recuerda por aquellos lares.
Con esta premisa nos presentó Activision en 1984 H.E.R.O., un juego de sencillo planteamiento que se lanzó sin un gran despliegue publicitario y dentro de la gama económica, pero al que si le dabas una oportunidad te enganchaba hasta completar todos los niveles. A mí me ocurrió y estuve jugándolo durante una buena temporada en el Commodore 64.
El juego salió para Atari 2600, pero rápidamente se presentaron las versiones para Commodore 64, Spectrum, MSX, Amstrad, etc. En todas ellas se mantenía la mecánica del juego, con ligeras variaciones en algún nivel, tanto de recorrido como del número de estos, que iban de diecisiete a los veinte niveles del C64. Y evidentemente, aunque no exigía un gran despliegue tecnológico, según la máquina en que se jugaba los gráficos podían ser mejores o peores, pero ya hablaremos de eso mas tarde. Leer más…
El cine de los ochenta fue prolífico en títulos míticos que han entrado por derecho propio en el olimpo de los clásicos: Blade Runner, Brazil, E.T., Terciopelo Azul, Paris-Texas, Platoon, etc… Pero también hubo otras películas que entran en nuestra memoria por la via del recuerdo, a veces mitificador, de los maravillosos momentos que vivimos en el cine viéndolas con la boca abierta: Indiana Jones, Los cazafantasmas, Regreso al futuro, Superdetective en Hollywood o El imperio contraataca… En el caso que nos ocupa hablaremos de una película que supuso todo un fenómeno en su momento, con una banda sonora que inundó las emisoras y un logo que es el segundo más conocido en el mundo tras el de Coca-Cola.
Los Cazafantasmas
En 1984 se estrenó Los Cazafantasmas, revolucionando las pantallas de todo el mundo con una extraña mezcla de comedia y terror, y convirtiéndose en una de las películas más taquilleras de la década. Producida y dirigida por Ivan Reitman (sic!!), y protagonizada por Dan Aykroyd (Ray), Bill Murray (Peter), Harold Ramis (Egon) y Ernie Hudson (Winston), que repitieron papeles de nuevo en su secuela. Acompañándoles estaban los esplendidos Sigourney Weaver (Dana), que nos encandiló tanto como a Peter y Rick Moranis (Louis), fantástico en su papel de enamorado vecino de enfrente. Como anécdota recordar que el personaje de Winston desapareció del cartel de publicidad. ¿Casualidad? ¿Marketing?…
