Llegamos por fin a la tercera y última entrega de la saga protagonizada por Jonhy Jones, Abu Simbel Profanation, uno de los títulos que se ha ganado por méritos propios un lugar en el olimpo de los grandes clásicos de Spectrum. Si en las dos anteriores entregas nos divertimos de lo lindo con sus aventuras, en esta no solo nos lo pasaremos de miedo sino que además agotaremos nuestra paciencia si es que antes no enloquecemos. Y es que nos encontramos ante uno de los juegos más difíciles que podíamos cargar en nuestro ordenador por aquellos tiempos. De hecho, se ha convertido en el perfecto ejemplo del San Benito que acompañaba al software español por tierras británicas, el de la extrema dificultad que muchas veces caracterizaba a los lanzamientos ibéricos.
Si hay algo que a estas alturas debería saber nuestro atribulado aventurero es que lo más recomendable es no molestar a los espíritus de los difuntos, pero parece que esto se le olvido cuando entró en el mítico templo de Abu Simbel dispuesto a descubrir sus más escondidos secretos. Ramses II no se lo tomó muy bien, y lo convirtió en una especie de bicho narizón que la verdad, muy agraciado no era. Así que a Johny no le queda más remedio que volver al templo y averiguar la manera de recuperar su forma humana, olvidándose por una vez de tesoros y valiosas estatuas.
La aventura comienza cuando se cierra detrás de nosotros la puerta de entrada al templo, custodiada por una altísima estatua que barra el camino de salida. Nos encontramos en una oscura sala, con un murciélago revoloteando de aquí para allá, unas gotitas de ácido que caen del techo y un ladrillo que parece tener vida propia. ¡Y esto es solo en principio! Leer más…

raptar a la princesa, rescatar a nuestro compañero y encontrar el tesoro que ocultaron producto de sus saqueos. Cuando hayamos cumplido con los tres, tenemos que volver a la sala principal y juntar las letras del hechizo BABALIBA en el orden correcto para poder escapar del palacio.
Johny Jones se ha convertido por méritos propios en uno de los grandes héroes patrios de los 8 bits. Creado por las mentes fundadoras de Dinamic, con Victor Ruiz a la cabeza, fue el protagonista de una estupenda trilogía que si por algo destaca es por su gran jugabilidad y una ascendente dificultad. Para poder valorar en su justa medida este juego debemos primero situarnos en el contexto de 1984, cuando los estudios británicos eran los amos del mercado de los videojuegos, e intentar entrar en él era una tarea poco menos que imposible. Daba la impresión de que los ingleses eran los únicos capaces de programar buenos juegos para speccy aunque, por desgracia, la mayoría de las veces era así. Sin embargo la recién creada Dinamic, consiguió hacerse un pequeño hueco y demostrar que el software español podía estar al mismo nivel, tanto creativamente como en la calidad del producto final.