…pues el mio es mejor!

Publicado por stanly el 01/01/2010  1 Respuesta »
01 ene.2010
 

El nacimiento de los 8 bits supuso un cambio radical en los hábitos y costumbres de muchas personas, sobre todo en el ámbito del entretenimiento e incluso familiar. Fueron el origen de los videojuegos tal como los entendemos hoy, y sin su aportación seguramente nada sería igual. Hablemos de algunos de ellos…

A veces, por obvio, pienso que nos olvidamos de que gracias al Spectrum, Commodore 64 y compañía los videojuegos pasaron a ser parte de nuestras vidas como algo cotidiano, llegando además a convertirse en una de las industrias más importantes de la economía mundial. Y sí, ya se que antes de nuestras pequeñas máquinas teníamos la posibilidad de jugar en las máquinas arcade de los bares y salones recreativos, pero su radio de influencia no era ni mucho menos el necesario para explotar como fenómeno social definitivamente. El jugón de a pie debía desplazarse hasta el local en cuestión para poder echar algunas partidas a su juego preferido, amén que era necesario un despendio económico que no siempre encontraba respuesta en los progenitores. Dos hándicaps que se solucionaron…

Con la llegada de nuestras máquinas todo cambió. Teníamos la posibilidad de jugar a aquellos fantásticos juegos en nuestro propio salón de estar, en nuestra habitación, y ¡no debíamos pagar por ello en cada partida! El precio de nuestros ordenadores permitió que aquella afición dejara de ser considerada elitista y que cualquier familia o persona con un mínimo de ingresos  tuviera la posibilidad de disfrutar de una de aquellos artefactos en su hogar. La fiebre se fue extendiendo, cada vez conocíamos a más gente con nuestra misma afición, los medios informativos se hacían eco de ello y proliferaron las revistas especializadas. Comenzamos a intercambiar los juegos cuando ya habíamos terminado con los nuestros, y así ahorrábamos para otros lanzamientos o accesorios. En definitiva, los 8 bits estaban cambiando nuestra sociedad y a nosotros sin que nos dieramos cuenta. ¡Y eso que solo eran entretenimiento! Leer más…

26 nov.2009
 

Principios de los años ochenta, una nueva década, nuevas modas (sic), nueva música y sobre todo un nuevo mundo por descubrir, el de los videojuegos. Fue el nacimiento de algo que creció hasta ser lo que es hoy día, pero que en aquel entonces suponía algo diferente, totalmente nuevo. Llegaron los primeros ordenadores a nuestras casas: ZX Spectrum, Commodore 64 y Amstrad…, se convirtieron en aparatos cotidianos de nuestros momentos de ocio y no tan ocio. Al mismo tiempo surgieron los arcade, maquinas con su mueble, su tele y sus mandos para poder jugar. Y aún teniendo en nuestras casas los mismos juegos a los que podíamos jugar en los bares, no eramos tan ingenuos como para no saber que aquellas recreativas eran superiores a nuestras máquinas caseras.
Con ellas aparecieron las primeras salas especializadas, las archiconocidas salas de máquinas o de maquinitas, como prefieras. Allí se juntaban cantidad de estas recreativas, y por el módico precio de veinticinco pesetas (que para los más jovenes aclaro que al cambio son 0’15 euros) podías jugar una partidita. Aunque lo complicado era conseguir esas monedas. Explícale a tu madre que te dé dinero para jugar a marcianitos en vez de ir a estudiar a casa. No es fácil, ¿eh?

En el imaginario de mi infancia guardo un recuerdo muy especial para un lugar que permanece inalterable en la memoria, algo mitificado si me dejo llevar por la nostalgia, pero que indudablemente marcó una etapa de mi vida. Seguramente tú que estás leyendo esto también tienes algún sitio así y aún recordaras su nombre. Yo si lo recuerdo y se llamaba el Finlandia. Leer más…

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