Hewson era una compañía más bien desconocida hasta que consiguieron su primer éxito, Avalon (1984), un arcade con el que cosechó muy buenas críticas y el favor del público. Pero la sombra del boom de los plataformas como Manic Miner y Jet Set Willy era alargada y los programadores se apresuraron a crear clones para todas las casas de software, incluida Hewson. Está claro que debían ofrecer algo diferente si no querían quedarse en una simple copia y dos buenos ejemplos fueron Technician Ted (1984) y Brian Bloodaxe (1984), cada uno con sus virtudes y defectos. Los programadores Steve Marsden y Dave Cooke, sin dejar su trabajo en la empresa Marconi, fabricante de chips de silicio y microprocesadores, se pusieron manos a la obra y publicaron el juego con Hewson, consiguiendo mantener el buen nivel de su inspirador.
La pantalla de carga fue una de las innovaciones que aportó, ya que no iba dibujando línea a línea la ilustración, como estabamos acostumbrados, sino que había muchos pequeños Teds corriendo de un lado al otro mientras una cuenta atrás nos marcaba el tiempo que restaba para la carga. Era la primera vez que veíamos esto en nuestro ordenador y fue un buen golpe de efecto.
Technician Ted es un joven empleado en una fábrica de microchips que cada mañana se levanta bien temprano para cumplir con sus tareas. Su horario es de 08:30 hrs. hasta las 17:30 hrs. y en este tiempo debe realizarlas todas si no quiere llevarse una buena bronca del jefe. El problema es que no sabe cuáles son ni donde debe llevarlas a cabo. Así es un poco difícil, ¿no? Tranquilos, poco a poco iremos descubriendo qué hacer para ir resolviendo los complicados puzzles que nos iremos encontrando. Por ejemplo, uno de nuestros compañeros nos proporcionará alguna pista siempre y cuando antes le devolvamos las dos tazas que dice que le hemos roto (sic).
Nos iremos encontrando con unos parpadeantes ítems que al ser accionados provocan que otros hagan lo mismo, y así repetidamente. Siguiendo el orden adecuado conseguiremos resolver nuestra misión. La fábrica está compuesta de cincuenta salas diferentes, con un complejo diseño muy bien estudiado y lleno de imaginación que pondrán a prueba nuestra habilidad con los controles. Todas ellas están relacionadas con las colindantes, por lo que deberemos memorizar las plataformas de ambas para programar nuestros saltos de una a la otra. Incluso será imprescindible utilizar bien los huecos del techo y el suelo para continuar nuestro recorrido. Total, que deberemos recordar el mapeado al completo si queremos acabar el juego, ya que las tareas deben seguir el orden establecido y la ruta posible es solo una.
Este recorrido ya marcado de antemano hace que el sistema de juego sea bastante diferente al del Jet Set Willy o Manic Miner, donde nuestro único objetivo era ir recogiendo objetos en un tiempo también limitado pero sin importar el orden.
Disponemos de treinta vidas para completar el juego que veremos en forma de barra en la parte inferior de la pantalla, lo que indica que los programadores eran conscientes de la dificultad del juego. Un reloj nos marca la hora del día en la que estamos y las tareas que llevamos completadas.
El protagonista y los otros objetos móviles sorprendieron en su momento por su gran definición y unas fluidas animaciones que no se veían afectadas ni por la cantidad de estos en pantalla, ni por tener activada la melodía. Algunos de los obstáculos tienen un tamaño o unas formas que nos obligan a ajustar al máximo el salto si queremos esquivarlos, como los archivadores que abren y cierran constantemente sus cajones. Las habitaciones están repletas de buenos y variados detalles, por lo que vale la pena darse una vuelta por la fábrica solo por verlos.
No hay rastro de flickering en ningún momento y los programadores consiguieron mitigar en lo máximo la superposición de colores en su versión de Spectrum, mientras que en la de CPC esta era inexistente gracias a sus capacidades gráficas y de hardware.
La melodía es pegadiza e invita a tararearla mientras jugamos, mientras que el efecto de sonido al saltar es el mismo que en el Manic Miner.
En definitiva, un muy buen juego que consigue lo imprescindible: engancharnos. Al empezar una partida te darás cuenta que has aprendido donde está tal o cual plataforma, y querrás volverlo a intentar una y otra vez. Technician Ted supo aprovechar la senda abierta por Jet Set Willy y Manic Miner. Estos sentaron la base de lo que debía ser un buen juego de plataformas y algunos, como el presente, mantuvieron un elevedo nivel e incluso aportaron nuevas y originales ideas. Pero hay algo en lo que nunca los superaron: el sentido de humor.
Technician Ted tuvo una secuela exclusiva en 128K, TT The Remix, con más de 100 pantallas y 30 tareas por completar. Para la ocasión dieron buen uso de las capacidades sonoras de la máquina aunque usó solo dos de los tres canales disponibles. Los autores aprovecharon esta versión para ajustar la dificultad, haciéndola algo más accesible a nuevos jugadores.
Pero segunda parte como tal es el Costa Capers (1985) de Firebird. En esta ocasión Ted decide tomarse unas merecidas vacaciones en la costa española y recorrer sus paisajes más turísticos. Como recuerdo de su viaje quiere tomar 36 fotos antes de volver a su trabajo y poder enseñarlas a sus compañeros. La verdad es que viendo el mapeado del juego pocos dirían que se encuentra en España y donde antes había imaginación y detalle, ahora hay simplicidad y dejadez. Debemos recoger objetos para activar otros objetos y otros y otros… en una cadena que parece no tener fin. Incluso los podremos llevar con nosotros hasta un máximo de ocho. Cuando nos matan perdemos una hora en la cuenta atrás en nuestra fecha de retorno; en otro contador nos muestran la cantidad de dinero que llevamos recogido. En resumen: un juego del montón que cumple su cometido, con unos gráficos correctos pero justitos y una mecánica vista ya unas cuantas veces.
La saga no dió para más y aquí finalizaron las aventuras de Ted, que imagino a punto de jubilarse en la fábrica. Se lo merece.
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Me dan ganas… ya no de ponerme ahora mismo con el emulador, sino de rescatar un Spectrum del olvido de ebay y ponerlo en marcha.
Este juego sólo lo conocía de oidas. Debe tener mérito pasarse 100 pantallas antes de que se derrita el disipador de aluminio…