La calidad de un juego viene dada por la suma de sus características: gráficos, sonido, originalidad, etc… Y el conjunto de todas ellas hace que le demos una valoración final totalmente objetiva que se basará básicamente en nuestras preferencias. Sin embargo, por encima de todas ellas hay una que debe destacar sobre las demás si queremos que ese juego nos enganche durante horas y horas: la adicción. Y si algo le sobra a Zenji es capacidad de mantenernos enganchados durante muchas horas a la pantalla.
El juego fue lanzado por Activision en 1984, aunque después tuvo una exitosa reedición en la línea económica por parte de Firebird. Fue programado originalmente por Matt Hubbard para Atari 400/800 y posteriormente adaptado por otros programadores a diferentes sistemas como ZX Spectrum, Commodore 64, MSX, etc…
La mecánica es muy sencilla pero requerirá de toda nuestra concentración y agilidad mental si queremos ir pasando los diferentes niveles que lo componen. El juego pertenece básicamente al género de los puzzles aunque con cierto toque de acción que lo hace más frenético si cabe.
Nuestro personaje tiene la forma de una cabeza giratoria y nos encontramos en medio de un laberinto cambiante que se irá complicando a medida que avancemos por sus niveles. Este está compuesto por múltiples piezas en forma de T, L o I que podremos accionar en cualquier momento y hacerlas girar desde su eje. ¿Y para qué? Pues con ello conseguiremos que las que son de color gris se conviertan en verdes al contacto de sus extremos y que fluyan en un recorrido continuo hasta la fuente. Cuando hayamos conseguido que todo el laberinto sea de este color sin agotar el tiempo límite, pasaremos al siguiente nivel.
Para hacerlo un poco más complicado, a medida que los laberintos son mayores, aparecen dos bichos que nos persiguen por todo el recorrido hasta darnos alcance si no lo evitamos. Y por si esto no fuera suficiente, tienen la capacidad de dispararnos, ¡qué simpáticos!
La puntuación irá en función del tiempo que tardemos en resolver el nivel; a menos tiempo, más puntos recibimos. Asimismo, y aleatoriamente, aparece un número en alguna de las piezas que decrece desde el nueve. Si conseguimos tocarlo antes de que llegue a cero y desaparezca, somos premiados con cien puntos por el número que fuera al tocarlo.
Los gráficos y sonido son correctos y los justos para un juego del género de los puzzles, aunque la versión de Commodore 64 es claramente superior a la de Spectrum e incluye una melodía que suena durante la partida (aunque tal vez acabe cansando a más de uno). Atari y MSX tuvieron adaptaciones muy similares en calidad a la del C64.
El juego es increíblemente adictivo y te mantendrá enganchado durante horas si te dejas llevar por sus laberintos intentando superar un nivel tras otro. Cuenta Matt Hubbard que estando en la féria CES donde se presentó el juego, vió al salir del hotel a un chaval jugando en el stand de la compañía. Cuando volvió cinco horas después, vio que aquel mismo chico seguía allí. Se acercó y le preguntó si había estado jugando sin descanso desde entonces. Se extraño por la pregunta, miró el reloj y exclamó ¡He estado jugando cinco horas de mi vida sin darme cuenta!

Es evidente que con el tiempo han salido videojuegos que posiblemente superan a Zenji en muchos aspectos, pero si retrocedemos a la época en que salió, podemos decir que estamos ante uno de los mejores (si no el mejor) representantes del género. Y si hay algo que no caduca en un buen juego es la jugabilidad.
Como veis, no siempre los grandes gráficos o maravillosas melodías son necesarios para programar grandes juegos. Una simple y novedosa idea bastó para que la crítica se pusiera a sus pies. El público fue por otros derroteros.
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No lo he jugado nunca pero me animaré después de tu artículo!!!!