Zythum, mística bebida que según la leyenda concederá a quien la beba increíbles poderes, y quien sabe, tal vez la vida eterna. Y tú, mago misterioso, deberás recorrer las inhóspitas tierras que te llevaran al castillo donde encontrarás la poción mágica. Este es el argumento de Zythum, juego de Mirrorsoft publicado para Spectrum48k en 1986 y del que hablaremos hoy.
El juego se desarrolla como un clásico arcade de vista lateral, recordando ligeramente al Ghost’n Goblins incluso con un indicador de avance en la parte inferior. El escenario representa cuatro paisajes diferentes y tenemos ocho minutos en cada uno de ellos para pasar por unas gélidas y blancas tierras, un pantano, unas oscuras cuevas y las mazmorras del castillo. Los gráficos son bicolores, variando la tonalidad según el lugar. Esto da una apariencia un poco simple que se podría haber evitado con un poco de esfuerzo, pero al menos elimina las colisiones de colores típicas del Spectrum. Además, la definición de los personajes y el paisaje ayudan a dar un acabado decente. El sonido cumple sin más, con una melodía en la presentación y efectos correctos durante la partida.
A lo largo de la aventura nos irán saliendo diferentes enemigos que variarán según el paraje donde estemos, tanto por delante como a nuestras espaldas. Para deshacernos de ellos disponemos de unos conjuros que les podremos lanzar y de unas bombas de luz que se desharán de todos los enemigos de la pantalla. Estas irán bien sobre todo cuando estemos en el aire y no podamos matarlos nosotros mismos. Y es algo que puede ocurrir mas de una vez, ya que una vez hayamos saltado no podremos variar la dirección del salto, aunque si la altura. Para ello mantendremos pulsado el botón y comenzaremos a descender en cuanto lo dejemos.
En nuestro camino encontraremos diferentes obstáculos que nos dificultaran avanzar sin peligro. Hay abismos que deberemos sortear, unas plantas que no harán saltar aunque no queramos y otros que en cambio evitaran que lo hagamos. Al mismo tiempo podremos recoger ayudas como bombas de luz extra, crucifijos que nos hacen levitar o ser inmunes y unas plantas que nos volverán invisibles. Estos poderes parpadearan en la pantalla mientras estén activos. Por cierto, si nos matan una de las tres vidas, aunque no volveremos a comenzar desde el principio, estas ayudas no volverán a salir por lo que será un poco más difícil continuar.
El juego no está mal y se deja jugar sin aburrir a corto plazo. El problema viene dado por lo repetitivo de la acción y el desarrollo de esta. Aunque cambien los enemigos, estos siempre actúan de igual manera y nos da cierta sensación de ‘esto lo acabo de ver’. La dificultad está bastante ajustada y te dan ganas de seguir intentándolo si te caes por un agujero o te matan. Por lo demás, teniendo en cuenta que fue publicado en 1986, se podía esperar algo más tanto de los gráficos como del sonido y no recogió grandes críticas de las revistas especializadas, aunque tampoco se lo cargaron. Por eso, a pesar de todo, vale la pena darle una oportunidad y echarle unas cuantas partidas, al menos para decir que los hemos jugado.
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Ah, uno de esos juegos que llegué a… odiar.